LLueve.
El culpable es el cielo
porque está lloviendo.
Nieva.
El invierno es culpable
porque nos está nevando.
Truena.
La tormenta es culpable
de que estemos asustados.
Llueve, nieva y truena;
y solamente nos queda
miedo.
miércoles, 3 de marzo de 2010
martes, 2 de marzo de 2010
La Caída.
Toca tu lira, romano,
tócala con indolencia.
Orgías de bizantinos
de vino, lino y seda.
Más allá de sus murallas,
paciente el bárbaro espera;
paciente sobre el caballo,
a que abra ya sus puertas
la inmortal Babilonia,
que blanca y desnuda espera.
No temas nada extranjero;
no temas cruzar sus puertas;
dentro no te espera Esparta;
dentro te espera Atenas,
esa que enseña a sus hijos
a reposar sin cautelas.
Esa que vive pendiente
de diamantes y de perlas;
la que su bienestar pone,
sobre espaldas extranjeras.
Gorda, ya, está la Atlántida;
su final está ya cerca.
Socavada por las hordas
de extraña sangre nueva;
que limpiarán sus ciudades
de inmundicias y vilezas;
que trabajarán sus campos,
con laboriosa firmeza;
que renovarán el flujo,
que corre por sus arterias;
que edificarán molinos,
y no pirámides petreas.
tócala con indolencia.
Orgías de bizantinos
de vino, lino y seda.
Más allá de sus murallas,
paciente el bárbaro espera;
paciente sobre el caballo,
a que abra ya sus puertas
la inmortal Babilonia,
que blanca y desnuda espera.
No temas nada extranjero;
no temas cruzar sus puertas;
dentro no te espera Esparta;
dentro te espera Atenas,
esa que enseña a sus hijos
a reposar sin cautelas.
Esa que vive pendiente
de diamantes y de perlas;
la que su bienestar pone,
sobre espaldas extranjeras.
Gorda, ya, está la Atlántida;
su final está ya cerca.
Socavada por las hordas
de extraña sangre nueva;
que limpiarán sus ciudades
de inmundicias y vilezas;
que trabajarán sus campos,
con laboriosa firmeza;
que renovarán el flujo,
que corre por sus arterias;
que edificarán molinos,
y no pirámides petreas.
lunes, 8 de febrero de 2010
Poetas de España.
Le cantaron a los olmos,
a las luces de su tierra,
a sus murallas caídas,
retrepadas por la hiedra.
Desterrados muchos de ellos,
muertos de hambre y de pena,
los más, vilmente enterrados,
en olvido y en tristeza.
¿Quien te canta, España mía,
como hicieron tus poetas?
¿Quien te llora, madre España?
¿Quien, tu pasado, anhela?
Un poco de ti ha muerto,
muriendonos tus poetas.
Ya nadie tu cuerpo viste,
versado en lino y seda.
Tus valles, antes tan verdes,
tristes, son ya de cuaresma.
Tus villas, tan orgullosas,
son recintos, ya, de pena.
¿Quien cantará a Castilla?
¿Quien dará vida a sus piedras?
¿Quien ensalzará la vida,
como lo hacen los poetas?
a las luces de su tierra,
a sus murallas caídas,
retrepadas por la hiedra.
Desterrados muchos de ellos,
muertos de hambre y de pena,
los más, vilmente enterrados,
en olvido y en tristeza.
¿Quien te canta, España mía,
como hicieron tus poetas?
¿Quien te llora, madre España?
¿Quien, tu pasado, anhela?
Un poco de ti ha muerto,
muriendonos tus poetas.
Ya nadie tu cuerpo viste,
versado en lino y seda.
Tus valles, antes tan verdes,
tristes, son ya de cuaresma.
Tus villas, tan orgullosas,
son recintos, ya, de pena.
¿Quien cantará a Castilla?
¿Quien dará vida a sus piedras?
¿Quien ensalzará la vida,
como lo hacen los poetas?
sábado, 6 de febrero de 2010
Dignidad.
Levanté la vista, y vi mi casa,
mi familia, mi amor, mi tierra;
mi vida entera, mancillada, muerta.
A los pies de ellos.
Mi dignidad y mis sueños, robaron.
Mi humana resistencia y mi altivez,
burlaron, desde su altísima ara.
Y no hice nada.
Vi sus malvados ojos mirándome.
Con su mortal y sublime avaricia,
me redujeron a simple ceniza.
Yo lo sabía.
Me quitaron el nombre de persona,
me desprendieron de mi hábito.
Solamente me quedó sobrevivir,
de sus migajas.
Con la palabra como fiel escudo,
y con la pluma como fiel espada,
estoy presto, por fin, a combatirlos.
Pero ya es tarde.
Es tarde para todo, para nada.
Para escribir versos en blancos folios;
para adornar con flores las palabras.
Para la lucha.
Y sin embargo nosotros luchamos,
con la única arma que sabemos,
con la única arma que tenemos.
Nuestra dignidad.
mi familia, mi amor, mi tierra;
mi vida entera, mancillada, muerta.
A los pies de ellos.
Mi dignidad y mis sueños, robaron.
Mi humana resistencia y mi altivez,
burlaron, desde su altísima ara.
Y no hice nada.
Vi sus malvados ojos mirándome.
Con su mortal y sublime avaricia,
me redujeron a simple ceniza.
Yo lo sabía.
Me quitaron el nombre de persona,
me desprendieron de mi hábito.
Solamente me quedó sobrevivir,
de sus migajas.
Con la palabra como fiel escudo,
y con la pluma como fiel espada,
estoy presto, por fin, a combatirlos.
Pero ya es tarde.
Es tarde para todo, para nada.
Para escribir versos en blancos folios;
para adornar con flores las palabras.
Para la lucha.
Y sin embargo nosotros luchamos,
con la única arma que sabemos,
con la única arma que tenemos.
Nuestra dignidad.
viernes, 5 de febrero de 2010
Los Sueños.
Sueños de blanca noche,
de mal augurio hartas.
Visión de nubes negras,
que el futuro poblaban.
Imperios, antes caídos,
de vidas relajadas;
en mi mente renacen
como enturbiadas aguas.
El hombre, al que Dios creó
a su fiel semejanza,
tropieza más de una vez,
en la cruel infamia.
Roma, Bizancio, Grecia,
enterrados en lava,
con sollozos avisan,
sollozos que no apaga,
el paso de la historia,
esa que el tiempo guarda.
Historia que repetimos,
con suprema prestancia.
Hija es la necedad,
hija de la ignorancia.
La que a la tumba lleva,
nuestra cruel arrogancia.
de mal augurio hartas.
Visión de nubes negras,
que el futuro poblaban.
Imperios, antes caídos,
de vidas relajadas;
en mi mente renacen
como enturbiadas aguas.
El hombre, al que Dios creó
a su fiel semejanza,
tropieza más de una vez,
en la cruel infamia.
Roma, Bizancio, Grecia,
enterrados en lava,
con sollozos avisan,
sollozos que no apaga,
el paso de la historia,
esa que el tiempo guarda.
Historia que repetimos,
con suprema prestancia.
Hija es la necedad,
hija de la ignorancia.
La que a la tumba lleva,
nuestra cruel arrogancia.
lunes, 18 de enero de 2010
Anochece en el pueblo.
Viene la noche. Mi pueblo
la saluda con la luz de
sus farolas. El ambiente
huele a hogar.
El cielo se torna rojo,
y despide al sol, que va
hacia el mar azul, a alumbrar
a otras gentes.
Los hombres charlan, en corros,
sobre la vida, la lucha,
el pan. esperando la batalla,
esperanzados.
Suena un esquilón, que desde
la vieja iglesia, llama
a los fieles a la oración,
todos los tardes.
Acaba de caer la noche
sobre las blancas fachadas
de este pueblo tranquilo.
Hasta mañana.
la saluda con la luz de
sus farolas. El ambiente
huele a hogar.
El cielo se torna rojo,
y despide al sol, que va
hacia el mar azul, a alumbrar
a otras gentes.
Los hombres charlan, en corros,
sobre la vida, la lucha,
el pan. esperando la batalla,
esperanzados.
Suena un esquilón, que desde
la vieja iglesia, llama
a los fieles a la oración,
todos los tardes.
Acaba de caer la noche
sobre las blancas fachadas
de este pueblo tranquilo.
Hasta mañana.
martes, 29 de diciembre de 2009
Mediterraneo.
Asoma el día en el horizonte,
de azul turquesa se va vistiendo,
a juego con el mar cercano, con el
que se funde.
Apenas se vislumbra ya el alba,
y van apareciendo surgidos de
las tinieblas; olivos, matorrales,
huertas, cañas.
La huerta, con sus frutos, espera ya
a que, sobre ella, se incline la tez
morena y labore sus entrañas,
con su sudor.
El sol, sale, pausado por Oriente,
inundando con su luz todo el lugar.
Los huertanos, levantan su testa al
horizonte.
¿Quien habrá al otro lado de la mar?
¿Huertanos serán como nosotros?
¿Entre olivos, matorrales y cañas
se criarán?
Un cielo azul y plácido alumbra
el mar, con su mediterranea luz.
Una brisa suave acaricia,
sus orillas.
de azul turquesa se va vistiendo,
a juego con el mar cercano, con el
que se funde.
Apenas se vislumbra ya el alba,
y van apareciendo surgidos de
las tinieblas; olivos, matorrales,
huertas, cañas.
La huerta, con sus frutos, espera ya
a que, sobre ella, se incline la tez
morena y labore sus entrañas,
con su sudor.
El sol, sale, pausado por Oriente,
inundando con su luz todo el lugar.
Los huertanos, levantan su testa al
horizonte.
¿Quien habrá al otro lado de la mar?
¿Huertanos serán como nosotros?
¿Entre olivos, matorrales y cañas
se criarán?
Un cielo azul y plácido alumbra
el mar, con su mediterranea luz.
Una brisa suave acaricia,
sus orillas.
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